Sobre la vida y circunstancias de un cultureta

lunes, 23 de marzo de 2009

"Sé que todo es relativo, subjetivo; pero el mismo tipo de impulso, que siento lleno de innegable certeza, que me hace pensar ¡sol! al ver amanecer, provoca que ahora piense ¡mierda!".

Extracto del libro “Qué quieres que te diga: una crítica al menos honesta” de Fortunato Pérez.

A veces el cultureta no duda. A veces tiene la certeza absoluta de que lo que está presenciando es arte o es mierda. Hoy hablaré del segundo caso.
Hace poco, en un concierto de clásica tuve esa sensación. Un concierto en el que el programa estaba compuesto fundamentalmente compuesto por clásicos, obras de una belleza que se reconoce con facilidad, que puede no deslumbrar pero que es apreciada por casi cualquier espectador atento y receptivo.
Y en medio de todo esto una obra de estreno. Música contemporánea. Ya sería bastante cuestionable la decisión de incluir una obra que no respetará las cánones clásicos de belleza, pero si la creación es grosera con cualquier criterio imaginable de belleza, uno piensa que quien tuvo la idea de incluir semejante pieza tuvo tan poco acierto en su decisión, como la tuvo el compositor en la suya al elegir oficio.
Calificaría la creación en el grupo “no tengo ningún talento, pero trato de aparentar un gran dominio y complejidad a fuerza de hacer cosas raras”. Y cuando hablo de hacer cosas raras no me refiero a algo poco convencional como por ejemplo componer llegar de ultraagudos o infragraves, cuestionable, pero con fundamento. No; hablo de algo sin sentido y sin más intención que aparentar una hondura inexistente. Como tener a un muy competente cuarteto de cuerda y hacerle tocar de forma totalmente contraria a la naturaleza de sus instrumentos. Una aberración comparable a pegar una patada a un bailarín para que baile cojo, o tapar los ojos con una venda al director de fotografía.
En esta ocasión, la respuesta general del público, aunque educada por respeto a los músicos y al entorno, dejo claro cuál era la reacción que había provocado la obra, pero incluso si hubiera habido una aprobación mayoritaria ésta no habría creado ninguna duda pues en esta ocasión veía la delgada línea roja muy lejos desde una región muy interior de ese territorio llamado mierda.